Yolanda Sintes
Jubilada
Cuéntanos algo de tu vida…
Nací el año 1935 en Menorca, la isla más bonita. Las raíces me tiran mucho. Yo bailaba sardanas. Desde los 14 años empecé a ir con un grupo de personas muy inquietas, catalanas y nacionalistas. Íbamos a los aplecs (“encuentros sardanistas”) y de excursión a la montaña. Esto era lo único que podíamos permitirnos en esos tiempos tan difíciles de la posguerra. Fui muy feliz y disfruté mucho de esos años.
¿Cómo conociste a Dios?
Tuve una grave pulmonía y unos compañeros del grupo me regalaron un Nuevo Testamento. Cuando me restablecí me invitaron a ir a la Iglesia. Escuchar por primera vez la Palabra de Dios predicada me impactó: fue un gran descubrimiento. Después de más o menos dos meses de escuchar y preguntar, entendí qué es el Evangelio: la buena nueva de que Cristo ha muerto por nosotros, que somos pecadores, pero que Él nos ofrece perdón y vida eterna.
Me impactó mucho la acogida que tuve, me aceptaron muy bien. Vi que ellos tenían algo de lo que yo carecía, y eso me cautivó.
¿Qué te aporta esta iglesia?
Hoy la Iglesia me ayuda a crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios, y en cómo llevar a la práctica lo que ésta nos enseña. El Evangelio nos indica que, del mismo modo que Cristo dio su vida por nosotros, nosotros debemos darnos a los otros, a pesar de que en ocasiones puedan surgir dificultades en la convivencia.
¿Qué crees que la iglesia puede aportar a quién esta visitándonos?
La Iglesia ofrece el conocimiento de la Biblia, que Dios nos ama, y que es un Dios personal. Que no es ninguna religión la que nos salva, sino Dios que nos ama y ha dado su vida por nosotros. Dios desea que tengamos comunión con Él y también los unos con los otros.
En la Iglesia tenemos infinidad de oportunidades de ayudar a los demás. Y nos hacemos un gran bien a nosotros mismos cuando ayudamos a nuestros semejantes.
